viernes, 5 de octubre de 2007

Solidaridad interconstitucional

No, el título de este comentario no va sobre lo que parece. Por interconstitucional no me refiero a algún aburrido estudio comparativo entre constituciones de varios países. Más bien me refiero a la solidaridad entre gente de distinta constitución física, más en particular a los (muy)delgados y a los (muy)altos (grupo en el que me encuentro) y que son objeto de comentarios miles, diarios, repetitivos, insultantes a veces, y sin la más mínima originalidad en la mayoría de los casos. Estas características físicas que nos constituyen como somos y nos diferencian de las demás suelen traernos muchos momentos en los que, o bien desearíamos que todo el mundo fuese alto y/o delgado, o bien que la gente no fuese tan lela.

A nadie se le ocurriría hacerle el mismo tipo de comentarios, de los que somos objetos los susodichos grupos físicos, a otros grupos tales comos los (muy)gordos, (muy)bajitos. Por alguna razón que desconozco, tales comentarios serían tomados como insultos. Así por ejemplo, decirle a un bajito "oye con lo enano que eres no te tienes que agachar para recoger cosas del suelo, ¿no?, o "joder tío estás tan gordo que casi no puedes pasar por las puertas", etc, etc. Sin embargo los delgados y altos estamos expuestos a este tipo de comentarios diariamente. Conozco mejor, por mis "largos" años de experiencia, los comentarios a que sufrimos la gente alta, aunque gracias a una amiga delgada supe que ella es víctima de comentarios que la hacen sentir bastante incomoda a veces. Por otro lado, soy muy consciente de mi constitución física, la acepto y me doy cuenta de sus peculiaridades, pero eso no creo que justifique el ser objeto de la burda burla de tanto lelo/a que anda por ahí suelto.

Por poner algún ejemplo de esos comentarios a los que me refiero y que se suponen graciosos, que os parece; tu jugarás al baloncesto, ¿no?, o ¿que tiempo hace por ahí arriba?, o ¡cuidado con el quicio!, ¿que te dieron de comer de chico?, o cuando te llegue la comida al estómago yo ya habré hecho la digestión. Estos son los más maníos y pesados, pero después están los que son un poco más insultantes, como ¡eres más largo que un día sin pan!, o ¡más largo que una meá cuesta abajo!, o que simplemente se refieran a uno como "el largo". Para más inri suelen acompañar a los comentarios unas risotadas forzadas o algún palmetazo en la espalda. Los hay incluso que buscan la complicidad de otros, quizás como signo de que de alguna manera sabe en su fuero interno que acaba de decir una estupidez y busca en el apoyo de otros para disimular su vergüenza.

He de admitir que cuando alguien gasta una broma bienintencionada y original soy el primero en reírme, e incluso intento añadir alguna broma de mi propia cosecha. No me obsesiona el asunto, y sinceramente después de tantos años me da bastante igual todo esto, pero me resulta curioso el que sea aceptable decir ciertas cosas a los altos y a los delgados que aplicado a otras constituciones físicas sería insultante. Uno desarrolla con el paso de los años una especie de sexto sentido que sirve para saber cuando alguien está siendo simplemente un lorito que repite la típica broma insulsa, o bien se quiere reír a costa de uno, o bien simplemente se le ocurre un comentario ingenioso.

Los comentarios del ultimo tipo los acepto gustosamente, los dos primeros, o bien me dejan indiferente, o me hacen pensar que el que lo dice es un lelo/a e intento responder de alguna forma para que sepan que no tienen la más mínima gracia. A veces, la mejor técnica es la de responder al comentario/pregunta con una respuesta que se equipare a ella en el nivel de absurdo. Es una técnica profesada bastante por el amigo Barea, que en una de sus magistrales respuestas a la absurda petición de una señora, que quería que cantásemos el Macarena de Los del Río en la boda del amigo Arfonsillo, respondió "lo siento señora pero yo no tengo estudios". La señora se quedó estupefacta, muda y no nos volvió a dirigir la palabra ese día. La única que se me ocurre para cuando me hacen la pregunta "tu jugarás al baloncesto, ¿no?" es algo que solía decir mi padre y que seguro que deja atónito a cualquiera; "no, a mi no me gusta el baloncesto porque marcan muchos goles". De todas maneras, hay que ser rápido e imaginativo para utilizar dicha técnica, y en los momentos en los que no se me ocurre algo de ese tipo simplemente echo una media sonrisa falsa con la que intento expresar mi más absoluto hartazgo de ese tipo de comentarios (y comentaristas) y a la vez transmitir la poca originalidad, o más bien necedad, de la persona que lo arroja.

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